LITURGIA DE LA PALABRA.
Dn 3,14-20.91-92.95: Envió un ángel a salvar a sus siervos
Salmo interleccional: Dn 3: A ti gloria y alabanza por los siglos
Jn 8,31-42: Vine de parte de Dios y aquí estoy
Cada palabra, cada acción de Jesús, dan a entender que la realidad que le toca enfrentar en su momento es un cúmulo de engaños y contradicciones. Hay engaño y contradicción respecto a Dios, a su designio, a sus promesas; con una falsa y amañada interpretación de la Escritura y de la Tradición han “construido” una imagen distorsionada de Dios que le funciona de mil maravillas a la clase religiosa; del lugar santo, la casa de oración, han hecho el centro de dominio y pauperización del pueblo. Hay engaño respecto al ser humano; se le ha hecho creer al pueblo que a Dios sólo le interesa el hombre “bueno”, el que cumple puntualmente la ley y demás obligaciones religiosas. En fin, mírese desde donde se mire, la realidad que viven los paisanos y contemporáneos de Jesús está viciada de falsedad, mentiras y engaños.
En ese marco, Jesús se presenta como vía del encuentro con la Verdad a condición de aceptarlo a él como el enviado de Dios. Aceptar, entonces, a Jesús es aceptar que Dios está aquí, que camina a nuestro lado, que vive nuestra circunstancialidad, que asume nuestra realidad y que respalda nuestras iniciativas de búsqueda de una mejor vida.
PRIMERA LECTURA.
Daniel 3,14-20.91-92.95
Envió un ángel a salvar a sus siervos
En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo: "¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no respetáis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados al punto al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?" Sidrac, Misac y Abdénago contestaron: "Majestad, a eso no tenemos por qué responder. El Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido."
Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido. El rey los oyó cantar himnos; extrañado, se levantó y, al verlos vivos, preguntó, estupefacto, a sus consejeros: "¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?" Le respondieron: "Así es, majestad." Preguntó: "¿Entonces, cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el horno sin sufrir nada? Y el cuarto parece un ser divino."
Nabucodonosor entonces dijo: "Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron arrostrar el fuego antes que venerar y adorar otros dioses que el suyo."
Palabra de Dios.
Interleccional: Daniel 3
R/.A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, / bendito tu nombre santo y glorioso. R.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines / sondeas los abismos. R.
Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
SEGUNDA LECTURA.
SANTO EVANGELIO.
Juan 8,31-42
Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: "Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." Le replicaron: "Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?" Jesús les contestó: "Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre."
Ellos replicaron: "Nuestro padre es Abrahán." Jesús les dijo: "Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre." Le replicaron: "Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios." Jesús les contestó: "Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió."
Palabra de Dios.