El Espíritu Santo es la fuerza, el poder que nos empuja, nos inquieta y nos mueve a ser testimonio y memoria viva de Jesús, con los dones, carismas y frutos del Espíritu Santo. Nos dejamos guiar llevando el anucio de que en Jesús hay redención abundante. Jesús es el único que le da sentido y significado a nuestra vida. Déjate renovar por el poder del Espíritu Santo y tu vida no será la misma.Te llenarás de gozo, de paz, de bendición, de alegría, porque solo Dios hace al hombre feliz.

Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu

LITURGIA DE LA PALABRA. (Martes)



Hch 2,36-41: Conviértanse y bautícense todos en nombre de Jesucristo
Salmo: 32: La misericordia del Señor llena la tierra.
Jn 20,11-18: Nuestro amigo Lázaro está dormido; voy a despertarlo.

El Resucitado es también resucitador. La vida plena que Jesús ha recibido del Padre no se queda en El. El bien, y la vida es el bien supremo, es difusivo. La comunidad del Discípulo Amado ha experimentado la fuerza resucitadora que brota de Jesús. Lázaro (su nombre quiere decir necesitado de ayuda), había estado enfermo y había muerto. La comunidad de Betania había experimentado la enfermedad y la muerte. Betania quiere decir “casa del oprimido”. En la casa de los oprimidos Jesús se hace presente para dar vida. Las hermanas habían enviado a decirle a Jesús: “El que amas está enfermo”. Jesús a su vez lo llama “amigo”. Es en la comunidad de amigos y amigas de Jesús donde el Señor se vuelve presencia de vida. En la casa de las y los oprimidos que viven como hermanos y hermanas, es donde se experimenta la presencia viva y resucitadora del Señor.

Nuestras comunidades cristianas están muchas veces profundamente dormidas, muertas. Jesús les está diciendo: “Mis amigos y amigas duermen. Iré a despertarlos”. El ya está en camino hacia nuestra casa y con él hay gente generosa que lo acompaña y dice como Tomás: “Vayamos también nosotros y muramos con él”

PRIMERA LECTURA.
Hechos 2,36-41
Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos."

Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 32
R/.La misericordia del Señor llena la tierra.

La palabra del Señor es sincera, / y todas sus acciones son leales; / él ama la justicia y el derecho, / y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, / en los que esperan en su misericordia, / para librar sus vidas de la muerte / y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor: / él es nuestro auxilio y escudo. / Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti. R.

SEGUNDA LECTURA.

SANTO EVANGELIO.
Juan 20,11-18
He visto al Señor

En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella les contesta: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabia que era Jesús. Jesús le dice: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?" Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." Jesús le dice: "¡María!" Ella se vuelve y le dice: "¡Rabboni!", que significa: "¡Maestro!" Jesús le dice: "Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."" María Magdalena fue y anunció a los discípulos: "He visto al Señor y ha dicho esto."

Palabra del Señor.